JO COMPETEIXO - 2016

YO COMPITO

En la estación, un atardecer de julio,
les preguntó su nombre,
aunque ya lo sabía.

Cargó maletas y regalos,
desató los caballos,
llegaban las primas.

En la cena se lo quedaron mirando:
a ratos estás bien,
pero dices demasiadas tonterías.

Durante el baile lo tomaron de la mano:
¡nos han dicho que hay un río
y nos han dicho que tú nos guías!

¡Oh! La luna es un lobo
que campa por los caminos
plateando el sotobosque.
¡Tres sombras sin pantalones
saltarán para comprobar
como está el agua de la poza!

¡Y estaba buena! ¡Y hay que decir que estaba buena!
Cuando quiso hablar
de un amor que él tenía.

El primer sol les secó la piel.
“Cuando todo sea menos grave –le dijeron-
y dramático, nos avisas…”.

En la estación, un atardecer de julio,
pronunció su nombre
y tragó saliva.

La vida ha sido cruenta y fugaz
pero, cómo pasarlo bien, chico.
lo sabían las primas.

Lo sabían las primas,
lo sabían las primas,
cómo pasarlo bien, compañero,
lo sabían las primas.

Una voz le preguntaba “¿qué serás de mayor?”,
mi amiga callaba y sonreía mirando al suelo.
¡Quién regresara a aquella tarde a calar fuego
y detenerla justo a punto de dudar por primera vez!

Cuando el padre preguntaba “¿qué trabajo encontrarás?”,
mi amiga, rabiosa, intentaba no llorar
y el cerebro joven repasaba las opciones
y tenía los ojos cansados de mirar en todos los rincones
pero, al mirarlo, el camino no dice si vas a la gloria o al fracaso.

Y salíamos por las noches,
“va, mañana, lo haremos mejor”,
mientras la duda nos observaba.
Y sentíamos crecer dentro
casi una decisión
pero era la duda que jugaba
con todo aquello que era bueno,
con todo aquello que era bueno.

Si un buen chaval le preguntaba qué cojones quería que hiciese,
mi amiga dudaba y se apretaba contra él
y se dormía prometiéndose que mañana
sabría estar contenta a su lado.
¡Desgraciados si sabéis a qué saben los besos que damos dudando!

Te has quedado mirando un prado
esperando que nazcan flores
mientras la duda las mataba.
Te has quedado toda la noche
observando cómo duerme un cuerpo
mientras la duda reclamaba
todo aquello que era bueno.
Todo aquello que era bueno.

Ha pasado a media mañana,
me ha tocado con unas manos
llenas de uñas despintadas.
No tenía mucho tiempo,
pero pasaba por el vecindario
y me quería decir que ahora
lo tiene muy claro.
¡Mi amiga dice que lo tiene muy claro!

Ahora Babú
se nota menos mareada, no se quedará mucho más.
Ya entorna los ojos que miraban pensando
“qué ambiente más extraño; creo que estaré bien aquí”.
Y es cierto, ella pensaba que se quedaría;
es cierto que lo pensó…
Era un día claro, las familias paseaban,
habían encontrado un tiburón muerto en la playa.

Ahora Babú
ha salido a la plaza, agradece la potencia del viento
que esparce los años malgastados,
el alcohol de la sangre, las miradas de los quiosqueros.
Y encuentra su amuleto dentro del bolsillo
¡Babú agarra con fuerza el amuleto!
La luz ya está encendida cuando llega a Sadovaya.
Piensa dónde irá, sentada en el andén.

¡Y cómo necesita una idea!
Como nunca antes, lo tiene que admitir.
¡Babú necesita una idea!
Una bella y sólida idea.

Se abre el vagón y secretarios elegantes esprintan subiendo las escaleras.
Se abrochan el abrigo, compran prensa y chicles y se alejan de la plaza.
Deslizándose por el asfalto madres muertas de sueño, bailarinas regresando a casa,
y viejas que creen en malos espíritus, y niñas que rezan para que les crezcan los pechos.
En medio del canal un viejo oficial hoy debuta en la lancha
y le da mucha pereza, pero tendrá que parar a unos lituanos que corren demasiado.
Hay alguien que se plantea un reto imposible, hay alguien que emite un aullido inaudible.
¡Hay taxistas que bostezan!
Hay un hombre que espera que mee su perro, hay un copo de nieve en la tumba de un médico famoso.
Cables eléctricos, balcones agrietados, ángulos rectos, pintura blanca,
y nidos de cigüeñas en lo alto de los tejados, y sábanas con letras bordadas.
¡Y, en el fondo, ya se elevan las placas de acero en las grúas de los astilleros!
Detrás, en el Báltico, brillando como farolas, medusas que entran en aguas internacionales.

Me dio una fiebre el otro día
y llamaron a unos doctores especializados
en extraer la piedra de la locura,
en hacer manar la fuente de la felicidad.
Y vino una pesadilla mientras me dormían,
dijo “soy tuyo, tú eres mío, no te escaparás”.
Le dije “muy bien, pesadilla, pero las pesadillas ¿qué sueñan?”.
No puedo decir que se quedara demasiado impresionada…

Después recuerdo, al despertarme,
la luz incandescente de un flash
y, tomando nota del gran milagro,
científicos yanquis y cubanos.

Y me sube la serotonina,
me sube la serotonina (me sube la serotonina),
como la marea cuando llega (a los pies cansados de todo el día),
como una niña que se encarama (a un árbol lleno de mandarinas),
me sube la serotonina (ay, me sube la serotonina).

Se me acercó un amor, uno que yo tenía,
preguntó “muchacho, ¿qué te pasó?”.
Dije “no te lo creerás, una tontería,
tenía una piedra dentro de la cabeza”.
Se me acercó un futuro que construíamos,
dije “cabrón, qué bien nos lo habríamos pasado”.
Contestó “gente mejor que tú me quería”,
no puedo negar que el futuro dijera la verdad…

La buena nueva ya se esparcía
más allá de los reinos cristianos,
ya se destruían libros de Historia
que habían quedado desfasados.

Y me sube la serotonina,
me sube la serotonina (me sube la serotonina),
como la marea cuando llega (a los pies cansados de todo el día),
como una niña que se encarama (a un árbol lleno de mandarinas),
me sube la serotonina (ay, me sube la serotonina),
como el precio de la gasolina (me sube la serotonina),
como las ballenas cuando respiran (me sube la serotonina),
es una frágil trapecista (me sube la serotonina),
es una intrépida alpinista (me sube la serotonina).
Mami mira arriba, mami mira arriba (que hay un satélite que nos espía),
es King Kong en el Empire State (es un cóndor que secuestra a un niño),
las viejas se tronchan de risa (y engancha más que la heroína),
me sube la serotonina (ay, me sube la serotonina).

En la cima reposa y los ojos le corren como fieras por el valle.
El cielo se atasca, el alba, asustada, no sabe qué hacer
cuando cantan los gallos.

Vamos a su encuentro, vamos a su encuentro.
Y pedimos “¿dónde te escondes?, ¿dónde?”,
¡que hay límites que no cruzaremos siguiendo las leyes de este mundo!

Ha aparecido el diablo en una curva de Collserola.
¿Le explicaréis, si lo veis, que llevo buscándolo más de tres horas?
He revuelto Sant Feliu, me voy a la carretera de Horta,
voy repasando por el camino las líneas generales de mi propuesta.

Los bosques se llenan de bocas torcidas, de bestias sin suerte.
Él las acuna y ellas se duermen en la gran paz
de un pecho sin corazón.

Vamos a su encuentro, vamos a su encuentro.
Y pedimos “¿dónde te escondes?, ¿dónde?”,
¡que hay límites que no cruzaremos siguiendo las leyes de este mundo!

Ha aparecido el diablo en una curva de Collserola.
¿Le explicaréis, si lo veis, que llevo buscándolo más de cuatro horas?
He saqueado El Papiol, me he arrastrado hasta el Puig d’Olorda,
voy repasando por el camino las líneas generales de mi propuesta.

Ya se nos ve tan pequeños,
solo somos el rumor
de viejos orgullos heridos,
de manos sudadas y de miedo.
Asumimos los peligros,
aguantamos sus embates
y avanzamos por los caminos
de los zorros y los jabalís.

Ha aparecido el diablo en una curva de Collserola.
Peinaré el terreno, le daré un buen trago a la cantimplora.
De Valldoreix a Sant Just, de la Floresta a la Bonanova,
solo es cuestión de tiempo para repasar los detalles de mi propuesta.

¡Me lancé! ¡Me lancé!
Me alejé de todos, cada día practicaba.
No me guardé trucos ocultos,
todo lo que era entonces lo aposté al mismo lado.

Decían “¿cuál era tu sueño de niño?”,
decían “ya sabes, una luz se apaga, la otra luz se enciende”.

¡Me entregué! ¡Me entregué!
Y, por si alguien está dudando, juraré que me esforzaba.
Apunté a la estrella más alta.
Dije “aquel seré yo y aquella será mi casa”.

Decían “alistaos, alistaos, que veréis mundo”,
decían “respetad cada latido que os quede en el corazón”.

Y seas quien seas, o sea quien sea quien piensas que eres,
te habría encantado el milagro de los músculos en movimiento.
Y vayas donde vayas, o sea donde sea donde piensas que vas,
nunca has desafiado tanto la lógica elemental.
Créeme, nunca te has confundido tanto entre lo que es mágico y lo que es real.

Decían “amad, perded la razón, jugad fuerte,
haced un gran ridículo, blasfemad, ¡desafiad la suerte!”.

Y no os puedo ni os quiero negar que me lancé
y hacía así con el sombrero cuando la gente me saludaba.
¡Me entregué! ¡Me entregué!
Y lo tuve tan cerca que a ratos lo tocaba.
¡Me lancé! ¡Me lancé!
No me negaréis un agudo sentido del espectáculo.

Claro que llegan días en que todo el mundo le parece imbécil y opta por callar.
Claro que si se concentra puede sentir perfumes exóticos recorriéndole el brazo.
Claro que se hace pesada con sus cuentos de carrozas que atraviesan prados.
¡No oséis juzgarla desde vuestros cuerpos momentáneamente tan vivos y sanos!

Que a la caída del atardecer,
cuando el sol se va,
María Antonieta
sale a investigar.
Y atraviesa el tránsito
y se cuela allá donde quiere
para dar miedo a niñas
y a hombres sin sueño.
Y con otros espectros
se ríe de los mortales
sentada en agujas
de la catedral.

Y sobrevolando París desierto se dice:
“María, estás aquí, tan lista como te crees y no ves cómo los recuerdos te están mintiendo,
¡te están mintiendo!”.
Y se dice:
“María, solo tú sabes cómo llegaste a aburrir la vida en el interior de aquellos jardines,
¡de aquellos jardines!”.

Estamos en la carretera de Manresa a Berga
en un coche resplandeciente que corre demasiado.
Han encontrado en la guantera algún CD aceptable;
es miércoles, de madrugada, y los dos fugitivos cantan.

Cruzan por Molló y en un claro
él la abraza como un niño y se duerme en el acto.
El sol va encendiendo el bosque y ella lucha con las imágenes:
un cajero haciéndose el valiente, un revólver disparándose.

Compran la moto a un campesino por el precio de cuatro
y aceleran entre viñas solitarias.
En el semáforo de Estagel les saludan unos gendarmes,
pero en la radio no dicen nada, no se está siguiendo ningún rastro.

Él se afeita la cabeza, ella se pone morena.
Los días pasan lentos, por la tarde pasean.
Él juega al frontón con un empresario en horas bajas,
ella se encierra en el bungaló y por la noche finge orgasmos.

¡Qué bueno salir a la calle, que te toque el aire!
¡Son dos enamorados tan adorables!
Él habla del futuro y se proyecta sin red
y el paraíso empieza en una pizzería de Lausana.

Y qué gracia los nombres de los pasaportes, él los dice en voz alta.
¡Quizás parecerá más francés, dice, si se quita la barba!
Ella responde como puede y llora detrás de la puerta cerrada:
“Así no podré, amor mío, no a costa de los otros”.

Y en fin, él ha pasado el trayecto en cubierta,
ya ve el azul marino de la tierra prometida,
pero por ella no sufráis, que en el calabozo ha encontrado calma:
se ha hecho a la oscuridad y ha puesto nombre a las ratas.

Y ha encontrado un nombre bonito para cada rata.

Alguien había practicado un sabotaje.
Alguien había aflojado los engranajes.
Se te veía tranquila, desplegando el poder de tu encanto personal,
y les, les respondiste que no, que se equivocaban,
les respondiste que te confundían con otro.

Haces como que piensas, pero sabes muy bien lo que haces.
¡Oh, eres estupenda! ¡Y sabes muy bien lo que haces!

Y no me pondré de rodillas.
Y ya me he puesto de rodillas.

Pero es que alguien había destrozado la maquinaria.
Un criminal había derramado las reservas de agua.
Y, por si era útil, dijiste a los señores agentes que me habías visto cerca del lugar de los hechos
y yo, yo respondí que no, que se equivocaban,
pero sus perros entrenados me encontraron en la esquina.

Haces como que piensas, pero sabes muy bien lo que haces.
¡Oh, eres estupenda! ¡Y sabes muy bien lo que haces!

Y no me pondré de rodillas.
Y ya me he puesto de rodillas.

Nos dijimos adiós solo con palabras,
yo morí cien veces.
Tú vuelves hacia él
y yo vuelvo hacia los dos.

Y no me pondré de rodillas.
Y ya me he puesto de rodillas.

¡Haces como que piensas pero sabes muy bien lo que haces!
¡Oh, eres estupenda! ¡Y sabes muy bien lo que haces!
¡Mereces mucho la pena! ¡Y sabes muy bien lo que haces!
¡Eres estupenda! Y siempre sabes cuál es el siguiente paso.

Cuando caiga sobre ti la cólera de los dioses y no quede nada más que decir,
cuando ya no importe esta tarde, si te lo has pasado bien, o si has sufrido.
Cuando cada error en el mundo, cuando cada paso en falso, contenga más verdad
que el fajo deprimente de hojas intactas de tu currículum inmaculado,
verás el doble fondo de los tabiques, ríos subterráneos dorados, mares con tesoros escondidos.

Va, este juego te gustará, juguemos a clasificar a los que lo hacen bien y a aquellos que no,
juzguemos cruelmente a los que se equivocan, sintámonos pequeños por los que lo hacen mejor.
Y después repasaremos los grandes agravios que has sufrido, los males sin precedente,
pero ves pensando qué es lo que arriesgas, qué pones en juego, tú, para estar contento.
Que ningún, ningún cerebro genial reparte los días buenos y los malos, ¡que el universo no nos debe nada!

¡Todos nos movemos! ¡No puedes quedarte atascado eternamente!
¡Avanza, viandante, por los adoquines y el asfalto!
¡Todos nos movemos! ¡No conseguirás quedarte quieto!
Pobre viandante, esta lucha la perderás.

Pero tú sabrás lo que haces, yo vendría a practicar el noble arte de tirar para adelante.
Si te sientes intruso no hables demasiado y ya verás, nadie advierte el engaño.
No te piden un carné, no hay escrito ningún reglamento, se equivoca el más experto,
damos conversación, somos amables, y no se sabe si a pesar del esfuerzo vamos
hacia el placer o el dolor, a la luz o a la oscuridad, a un gran banquete o a la más cruel inanición.

¡Todos nos movemos! ¡No puedes quedarte atascado eternamente!
¡Avanza, viandante, por los adoquines y el asfalto!
¡Todos nos movemos! ¡No conseguirás quedarte quieto!
Pobre viandante, esta lucha la perderás.

Haya paz, haya paz, haya paz sobre la Tierra.
Cree en el mundo, cree en el mundo, cree en la gente que no conoces.

Cuando la derrota es segura unos disimulan, unos capitulan
y yo compito.

Tomad asiento, compañeros, hablaremos de Belleza.
Unos la buscan en los primeros brotes de la Primavera.
Unos juran haberla visto en fórmulas matemáticas,
flotando en la armonía de las esferas.
Y otros la encontraron un día que, por casualidad,
supieron dar sin esperar recibir,
o supieron tener sin temor a perder…
Otros en el interior de una boca abierta.

Y ¿sabéis qué?
Estoy muy de acuerdo con todos ellos.
Estoy muy de acuerdo con todos ellos.
Yo coincido con todos ellos
y compito.

¡Puedo ver que vais bellamente armados para la batalla!
¡Y resuena allá donde voy el estallido insolente de vuestras risas!
Y puedo sentir lo convencidos que estáis de que vuestros corazones,
bajo las camisas, os laten con fuerzas que el mundo desconocía.
Pero, pobrecitos, ni sospecháis lo que está pasando,
un buen amigo os lo tendría que haber explicado,
¡derroté antes a muchos mejores que vosotros!
Para ser el más gracioso del baile, para ser el más agudo y el más brillante,
para hacer los comentarios más profundos, para hacer los comentarios más banales,
para concentrar la atención de los ojos, por todos los recursos naturales,
yo compito.

Cuando la derrota es enorme hay quien reconoce a las fuerzas del orden y yo,
que compito.

Y hemos visto que tenéis ciertos talentos, es verdad, y que os educaron, explicándoos
que sois espléndidos, que sois especiales, y que sería un crimen no aprovecharlo,
pero temo que se os escapa la diferencia entre el protagonista
de una gran noche, de una gran velada y un gran rival, un especialista.
¡Que aquí no se trata de ser amable con los niños!
¡Que aquí no sirve tener una mujer bonita!
¡Que aquí se trata de estar dispuesto a encajar una bala!
¡Que aquí se trata de ser capitán de yates que naufragan!
¿Qué podréis dejar atrás cuando sea necesario? ¿Qué querréis sacrificar a cambio?
¿Entregaréis a vuestro triunfo todo lo que os reclame?
¿Miraréis riendo, doblando la apuesta, cuando vuestra gente arranque a correr?
¿De verdad os quedaréis por aquí?
¿Tendréis el coraje?

Yo, ¿sabéis qué?, creo que, en el fondo, sois buenos chicos.
Sois buenos chavales buscando una buena vida.
y tarde o temprano querréis deteneros,
jugaréis a cartas con amigos, descansaréis, asistiréis a fiestas,
o silbaréis canciones que unos tarados habrán escrito sobre vuestras gestas.
Y, amigos, el hacha de guerra nunca se entierra;
se esconde en el cajón más alto del comedor,
se alquila por horas, se vende al mejor postor,
se le dice a un hermano que te la guarde una temporada,
se dona al museo de seguridad más relajada,
pero nunca se entierra, nunca se entierra
y se afila en la oscuridad,
y se afila en la oscuridad,
y se afila en la oscuridad.

Y de verdad que me sabe mal, pero
¡quizá me gustan vuestras fiestas! ¡Quizá me gusta vuestro estilo!
¡Quizá me gustan vuestros trabajos! ¡Quizá me gustan los planes que hacéis para el verano!
¡Quizá me gustan vuestras señoras, vuestras hermanas, vuestras compañeras de piso!
¡Quizá me gustan vuestros sueños! O quizá no, quizá he perdido el interés por el camino.

Llego impaciente y caprichoso, conozco los tejidos de vuestro sistema nervioso.
Mirad dónde pisáis, temed a la oscuridad, que reviento autoestimas como si fueran jabón.
Me acerco contento, si es necesario, aplaudiendo. Sé chocar una mano con la otra, sé hacer reír con un chiste.
Seré hijo, amigo, hermano, compañero, vecino del ascensor, amante, seré socio, seré fan…
Hasta el día en que seré un desánimo inesperado del espíritu,
una fragancia en el aire, un ambiente enrarecido,
el viento más tenebroso que pueda parir la noche,
la cólera del cantante del grupo catalán revelación del 2008,
el ángel negro del insomnio, ¡el monstruo bajo la cama!
¡Seré un aullido que os dejará la sangre congelada!
¡Seré un infarto, seré una llamada de madrugada!
Seré el gran sabio que os explicará la lección
de con quién se puede y con quién no se puede jugar.

Y a estas alturas ya no esperaréis una celebración discreta.
Primero miro con respeto, como quien ha disfrutado de una lucha igualada pero,
si os fijáis, llevo la sonrisa de quien se aguanta una carcajada.
Después capto la atención de cualquier audiencia,
finjo interés, adulo con prudencia,
y narro el combate con detalles, deteniéndome,
dejando que la gente se imagine la cara de los pobres valientes que un día llegaban
como habéis llegado vosotros ahora,
como habéis llegado vosotros ahora,
como habéis llegado vosotros ahora.

Que cuando la derrota es muy clara hay quien busca sitio en otra parte
y yo, que compito.

Que cuando la derrota es muy clara hay quien busca sitio en otra parte
y yo, que compito.

Que cuando la derrota es muy clara hay quien busca sitio en otra parte
y yo compito.

ATLETES, BAIXIN DE L'ESCENARI - 2013

ATLETAS, BAJEN DEL ESCENARIO

1. ¡AY, YOKO! (AI, YOKO)
No habrá sido sencillo venir hasta aquí
-es espantoso cómo habla la gente-
aunque, de lejos, siempre me has parecido
lo bastante fuerte para no esconderte.
Yo reconozco que me vencieron con facilidad.
No lo pensé pero ahora confío en que me comprenderás.
Y es que, desde mi padre a lo que contaban de ti en televisión,
entre tu voz tan fina y tu tambor;
desde tu extraña cara, como de aparición,
hasta esos sombreros tan arriesgados y Def Con Dos.

Pero hoy he entendido que os queríais
como muchos no habremos querido nunca.
Pero hoy he entendido que os queríais.

Por mucho que lo intente hay cosas que no puedo cambiar.
Por mucho que me esfuerce he predicado tantas barbaridades.
Y es que si, en general, todos los cambios ya me ponen tan nervioso,
entre canciones llenas de chillidos y tu maldito tambor
y entre tu cara rara que de niño me daba miedo
era tan fácil que te echáramos la culpa de todo…

Pero hoy he entendido que os queríais
como muchos no habremos querido nunca.
Pero hoy he entendido que os queríais.

Y te lo cuento así, cobarde, aprovechando que él no nos escucha
Que delante de aquel gran hombre, lo reconozco ahora mismo,
ya veríamos quién sería el guapo que te cantara,
ya veríamos quién sería el guapo que te cantara!
2. ¡VE, BRUJO! (VÉS BRUIXOT!)
El pescador se ha asustado al principio
viéndolo empapado, saliendo del mar,
subiendo directo a la ciudad.
Después lo ha entendido y grita:
“¡Ve, brujo!”, “ve, brujo!”
Haciendo la ronda, los dos municipales
Se excitan viéndolo cruzar
como un cohete la calle mayor
y desde el coche animan:
“¡Va, bujo!”, “¡va, brujo!”
El gran patriarca congrega a su lado
a las bailarinas de nueve años
cuando topan con un señor extraño:
“Vamos, niñas, saludad:
¡Ve brujo!, ¡Go brujo!

Brujo de mundos lejanos,
nos tienes a todos en tus manos

Regresaba a casa, joven y aburrido,
leyendo el horóscopo de abril,
y alzando los ojos, de repente, lo he visto.
“Si eres tú, por favor, avanza.
¡Ve, brujo!, ¡ve, brujo!”
Los dos amantes adúlteros abrazados
planean un viaje largo
y abren las bocas deseando
“por lo que más quieras, hazlo,
¡va, brujo!”¡Va, brujo”
La dulce Adela se pinta con carmín
que tiene una cena con un hombre triste,
cuando no sabe muy bien por qué sonríe,
mira el espejo y piensa:
“¡Va, brujo!”, “¡Ve, brujo!”
El niño prodigio se frota los ojos cuando ve
flotar en la cúpula del cielo
la luz brillante de una nueva estrella;
sal al balcón y suspira:
“¡Go, brujo!”, “¡Go, brujo!”

Y todo se para un momento
cuando el brujo disuelve en el viento
unas palabras que lo arreglan todo.
3. YA ERA FUERTE (JA ERA FORT)
Entonces ya era fuerte y no perdía nunca la calma
y todo me divertía y había aprendido a saludarte
contento y exhibiendo la más radiante de las carcajadas,
tocándote como los fuertes, los seres a los que es imposible herir.
No llores, niño, que no sabré qué decir. No llores, niño, que estás más guapo cuando ríes

Entonces ya era fuerte y dominaba las palabras
y construía mundos perfectos donde no me importaba
ni con quién has dormido hoy, ni qué harás mañana por la tarde,
ni pienso algunas noches que te pareces demasiado a quien busco para mí.
¿Quién osará sentirse protegido por la cuenca de unas manos muertas de frío?


Y llegó el día, aquel que con fuerza ya esperaba
-los que han venido hoy, también podrán irse mañana-.
No me hizo falta ni un lloro, ni encender cirios a ángel alguno.
Entonces ya era fuerte, y un fuerte no te debía de perseguir.
¿O es que usted no está de acuerdo conmigo? ¿Quién quiere un cuento triste para irse a dormir?


4. BANDA DE ROCK
¿Qué ha sido de aquella banda de rock? ¿Sabes a cuál me refiero?
Los han puesto esta mañana
¿Crees que les haría gracia saber que, tanto tiempo después,
desde tan lejos, pensamos en ellos?


¿Qué le pasó a aquella banda de rock? ¿Quizá una noche
dieron un concierto final muy triste?
¿O se miraron después de un ensayo lento e infernal
Y lo supieron, y lo notaron?


¿Crees que hay días en que les bailan por la cabeza melodías rabiosas por ser una canción
y si estás cerca los oyes silbar,
y casi nada ha cambiado,
solo que ahora ya no las hacen?

¿Se llamará aquella banda de rock? ¿Serán amigos?
¿Se gustarán en sus discos?
¿Crees que a veces sacan los acordes de aquellos grandes hits
y los van tarareando por el pasillo?
¿Sospechará aquella banda de rock la fuerza con que, nota a nota, los cantábamos a gritos?
¿Sabrán que al menos para ti y para mí
durante un tiempo hicieron que todo
fuera un poco más divertido?

¿Qué se ha hecho de aquella banda de rock? ¿Qué ha trascendido?
Los han puesto esta mañana
5. DEJARTE UN DÍA (DEIXAR-TE UN DIA)
Ya declinaba la tarde que tú debes haber olvidado
caminábamos rumbo a casa, el sol se ponía entre azoteas.
Tu voz sonaba lejos como el pitido de trenes perdidos
como el rumor de un río nacido en cumbres nevadas, montaña arriba.
Y aquella idea ilegal me iba inundando la cabeza;
me habrás de disculpar, amor mío, que pensé dejarte un día,
abandonarte a tu suerte.

Sólo esperaba, en silencio, que se presentara el momento
de hacerlo volar por los aires haciendo ver que era un accidente
Diría unas palabras graves mirando al infinito,
las sentía en la boca, tensas, preparadas para salir.
Venían frases solemnes que nos matarían como a un potro cojo,
venía arrastrar el cuerpo del nuestro amor hasta un lugar discreto
para esconderlo entre las flores.

Oh sabios que vais predicando por las calles
que el amor se transforma con los años.
¡Venid con urgencia a explicarme si se transforma tanto,
si se transforma tanto,
si se transforma tanto!

Ya se intuía en el horizonte la costa virgen de un nuevo mundo,
ya me desplazaba más ligero, liberado del peso de tu amor.
Ya escuchaba a alguien riendo, el calor de otra gente,
otro cuerpo, otra voz capaz de hacerme sentir más contento.
Ya me alejaba mirando a los ojos de los viandantes.
¿Conocéis mi futuro? Le acabo de disparar con munición de plata
apuntando directamente al corazón.

Cuando paramos para cruzar, me cogiste de la mano.
Le devolví una pelota rasa a un niño que jugaba en un portal.
No se lo cuentes a tu madre, que me escupirá la próxima Nochebuena.
6. MUERTE DE UN HÉROE ROMÁNTICO (MORT D'UN HEROI ROMÀNTIC)
Un primo de mi madre tenía un bufete próspero en la ciudad.
Hace muchos años me enviaron como joven pasante de abogado.
Encontré una habitación sencilla: una mesa, una cama, un espejo.
Llegaba allí que era noche cerrada, que en alguna taberna del centro se había hecho tarde.
En el rellano, la Señora Manresa pasaba las horas cosiendo
pero aquel día parecía alterada, se me acercó nerviosa y dijo:
“Disculpe, no sabe lo que odio venir a pedirle favores,
el inquilino del tercero estaba como loco este mediodía y ahora llamo y no responde”.
A la luz de un inmenso candelabro, me abrí paso en la oscuridad.
Avanzando entre sombras de muebles, repasaba las habitaciones.
Escuché unos perros que gimoteaban, seguí la pista de los lloros
y, señores, como sabrán, me encontré un gran héroe romántico muerto en el comedor.
Y tenía una nota ridícula arrugada entre las manos
llena de dedos que jugaban con trenzas, de puestas de sol y de doncellas a lomos de caballos.

Poco después, el inspector se apuntaba el contacto de un familiar,
un hermano que vivía en la costa con quien celebraban los santos.
Le cerraron los ojos con ternura, lo taparon con una sábana blanca.
En silencio todo el mundo sorbía el té verde que había calentado la maestra del cuarto.
Un mosén rezo un padrenuestro con un hilo de voz muerto de sueño.
Al lado, nos reunimos los hombres para ver si sacábamos el cuerpo.
Y estirando de unos tobillos sin vida, salí de aquel comedor.
La Señora Manresa sufría “por el amor de Dios, cuidado con los golpes”.
En la calle, el carruaje esperaba, el cochero se distraía observando
a unos soldados de permiso que cantaban bajo la luz de los faroles.
Contamos hasta tres para empujar y subir el cadáver.
Un viento frío heló el aire, una fusta restallando con pereza hizo arrancar a los caballos.
Y seguía con aquella nota ridícula arrugada entre las manos,
llena de gritos en el vacío, de deseos violentos, de tormentas que entierran barcos en el mar.

Llena de mujeres riendo, de ojos sanguinolentos, de belleza que no deja espacio para pensar.
Llena de musas heridas para siempre por clavos oxidados en canciones de poetas vulgares.
Llena de saltos infinitos donde te esperan inmóviles, si quieres pasar, unos gimnastas de hielo.
Llena de bestias babosas a punto de enfrentarse en combate desigual con los presos cristianos.
Llena de niños asustados que miran si llegan sus padres bajo la lluvia constante.
Llena de jóvenes erectos que arriman damiselas arregladas para el baile del Domingo de Ramos.
Llena de brazos que se alzan y paran un taxi saliendo de cenas con amigos que se van.
Llena de créeme, lo intento, pero a ratos sospecho, morena, que esto no se parará nunca.

7. IMAGÍNATE UN NIÑO (IMAGINA'T UN NEN)
Imagínate un niño que juega a la pelota con el padre haciendo de portero.
Es domingo por la mañana, están en un patio de colegio y no hay nadie por la calle.

Y de lejos, desde el cielo, ellos no lo ven, pero hay algo que se mueve.
Solo se escuchan las bromas del padre y las risas del niño que marca gol.

Y una sombra les tapa el sol lentamente y baja del cielo un cóndor gigante
Y envuelve con sus garras los hombros del niño y se lo lleva volando.

8. TERESA RAMPELL (TERESA ARREBATO)
El perro debía de estar ladrando cuando saliste, Teresa Rampell.
No lo admitirás, pero te ves en el espejo del ascensor y te sientes guapa.
Unos amigos tocan el claxon desde el otro lado de la calle.
Mmmm, sonido de un motor acelerando sobre el puente de Vallcarca.
Que suene un rock’n’roll, que bajen las persianas todos los comerciantes,
que haya una conversación tonta bajo una luna clara.
El barrio duerme tranquilo ajeno a que haya llegado el gran día.
Mmmm, la cara de Teresa se ilumina cuando un coche viene de frente.
Unos macarras te saludan en el semáforo y sonríes
y, mientras arrancan, el más chulo, antes de que lo devore la noche,
te mira a los ojos y jurarías que dice: “¡que viene el Amor, que viene el Amor,
que viene el Amor, resonando como un ejército de timbales!
¡El Amor ya se va propagando como un incendio forestal!
¡Teresa Rampell, el Amor, por fin, regresa hoy a la ciudad!”

Camina decidida entre billares, Teresa Rampell,
detecta a los forasteros mientras te acercas a tu mesa.
Desplaza todo tu talento, consciente de cada uno de los movimientos.
Mmmm, es el baile de tus caderas, el balanceo de los pendientes.
Y ya no importan tanto, y quedan lejos todos los desastres cometidos.
y pasa un enemigo y hacéis las paces con un brindis de cubatas,
y mientras te cantamos, en el mundo, miles de hombres con gabardina, de paseo,
mmmm, sueñan con encontrar una mujer con tu cara.
En las teles interrumpen unos minutos los video-clips
y ahora aparece un periodista estresado por los teletipos,
y no hay volumen, pero jurarías que dice: “¡que viene el Amor, que viene el Amor,
que viene el Amor, resonando como un incendio de timbales!
¡El amor ya se va propagando como un virus tropical!
¡Teresa Rampell, el Amor, por fin, regresa hoy a la ciudad!”

El Amor regresa, Teresa, y ya dirías que comienzas a notarlo,
está en las manos de la gente, está en los jóvenes cuando bailan.
Y reconoces una fuerza antigua y, sin resistencia, te entregarás,
y hurgarás en sus rincones para revelar el poder que se esconde.
El amor regresa, Teresa, y ya dirías que comienzas a notarlo
y eres un náufrago que ha decidido probar el agua salada,
y eres un náufrago que ha decidido probar el agua salada,
y eres un náufrago que ha decidido probar el agua salada.
9. A VER QUÉ HACEMOS (A VEURE QUÈ EN FEM)
Y ahora preguntas exactamente qué está pasando
-tú, que lo tenías todo tan atado-
y disimulas aunque creo que lo vas pillando,
por mucho que grites, no responderán.
Los monstruos de tu infancia triste,
el cuerpo de profesores que te cogió manía,
no los mirábamos y se fueron
y esto, en silencio, se iba haciendo grande.
Tampoco estoy muy familiarizado,
Pero me temo que es una oportunidad.

Y ahora empiezas a entender a los pobres desgraciados
que desde un taxi sacaban la cabeza
gritando: “Prepárate, que al final te tocará
aprender a vivir y no culpar
a la varicela y a la tos ferina,
a papá, a mamá y a los crímenes del nazismo”
Y ¿qué le vamos a hacer si nos despistamos
y esto avanzaba infectándonos la sangre?
Prueba a sonreír delante del espejo,
que ahora tenemos una oportunidad.

Nos levantamos molestos por un ruido,
maldiciendo alguna alocada fiesta de estudiantes,
cuando vimos un haz de luz, unclaror,
avanzando entre las sábanas, frotando las piernas.
Notamos que temblaba la puerta del balcón
(antes de abrir comprobaste el nudo de la bata)
en la calle, entre una inmensa nube de polvo,
huían en animal desbandada
las canciones que no avisaban que mentían,
las frases serias que ya dan risa,
y nos dejaron esta verdad
que me sabe fatal, pero por siempre sabrás:
puedes cogerla o dejarla pasar
pero ahora tenemos una oportunidad.

Tenemos una oportunidad. ¡Ja, ja ,ja! A ver qué hacemos
10. DESAPARECÍAMOS LENTAMENTE (DESAPAREIXÍEM LENTAMENT)
Entré en la fiesta, el anfitrión me presentó a los invitados.
Grité “he venido a empezar de cero”, me acomodé en un sofá.
Desde la ventana se veía el parque donde se aburrían unos adolescentes.
Pensé ¿dónde duermo?, ¿qué verá cuando se levante? Mientras desparecíamos lentamente

Me compré un saldo de trompeta, ensayábamos cada noche.
Tocar estaba bien pero prefería pelearme con los vecinos.
Ahhh!, mirad, un E Major, volando, escapándose por encima del tragaluz.
Le escribía alguna canción, ¿y qué? Mientras desaparecíamos lentamente.

Subí a un árbol con la esperanza de ver el Llobregat.
Las ramas estaban torcidas i con el peso se vencieron(*)
Las mozas jóvenes de la ciudad se me quedaron mirando de lejos, riendo.
Ahhh, la vida podía ser difícil mientras desaparecíamos lentamente.

Encontré una mujer, alquilamos un apartamento cerca de Gavá.
Que fuimos ella y yo todo aquel tiempo me temo que no os lo sabré explicar.
Nunca le dije en qué pensaba el hemisferio más cabrón de mi cerebro.
Una brisa fresca en la playa desierta, mientras desaparecíamos lentamente.

El ayudante del mago le quitó el velo i allí seguíamos, muertos de frío.
El público enfadado con razón reclamaba que le devolvieran el dinero.
El productor abrazaba la cartera y decía “paciencia, señores míos;
las palabras mágicas funcionan pero estos dos desaparecían lentamente”.
El del teatro pedía calma diciendo “tranquilos, nada es tan puro ni limpio;
las palabras mágicas funcionan pero estos dos desaparecían lentamente”.

(*)interpola una canción infantil catalana, En Pere Gallarí
11. QUÉ DÍA HACÍA, AMIGOS... (QUIN DIA FEIA, AMICS...)
Qué día hacía, amigos… Qué día hacía, amigos…
La dulce Adela vino con el mapa de un lugar nuevo a descubrir,
con las llaves de una moto que nos dejaba su vecino.
Qué día hacía, amigos… Adela decía “estoy aquí
para rodar entre la avena y tocarnos fuerte en el molino,
contando pájaros que migran, huyendo de un país triste”.
Qué día hacía, amigos. No habéis visto muchos como ése,
¡y Adela quería pasarlo conmigo!.

Y me giré y le dije
que sería divertido
y me giré y le dije
“qué bucólico, qué bonito”,
y me giré y le dije
“la próxima vez, claro que voy”
yme giré y le dije
y me giré y le dije:
“¡Ahora no me interrumpas!
¿No ves que estaba inspiradísimo escribiéndote una canción?
Ya se aclaraban los contornos de un gran tema pop-folk
que congelará para siempre eso tan especial
que hay entre nosotros, que hay entre nosotros.
¡Ahora no me interrumpas!
¿No ves que estaba inspiradísimo escribiéndote una canción?
Ahora que encaraba un verso para rimar con tus cabellos,
ahora que casi se puede sentir el olor de tu piel,
en el papel, en el papel…”
12. BÉSAME (FES-ME PETONS)
Sal de entre la turba, distínguete entre las cabezas;
cuando ya estés cerca, búscame los ojos;
saluda utilizando uno de tus trucos;
permíteme escuchar el sonido de alguna voz
diciendo mi nombre por primera vez
y bésame, desconocido, bésame,
ven a verme con una sonrisa misteriosa
¡que me he puesto el vestido bordado de flores!
Y bésame, bésame.

Sé que vives en las plazas, las tabernas y los parques;
cógeme la mano y juguemos al juego
de podríamos arreglarlo todo,
recuerda el sonido glorioso que emiten las voces
diciendo tu nombre por primera vez
y bésame, desconocido, bésame,
entra en mi día, medio valiente i medio nervioso.
¡Nota en las manos como tiembla todo mi cuerpo!
Y bésame, bésame.

Tal vez ahora hace tiempo que no ha salido,
pero lo llevo dentro,
pero lo llevo dentro,
pero lo llevo dentro,
pero lo llevo dentro,
pero lo llevo dentro.
13. UN DIRECTIVO ME DESPIDIÓ (UN DIRECTIU EM VA ACOMIADAR)
Una vez en la séptima planta saludé a la secretaria.
I habría podido tirar la puerta abajo de una patada,
Gritar:“tenemos que hablar; pues habla”.
O decir: “lo siento, pero te equivocas y del todo,
no has calculado que estoy muy loco. ¡En guardia! ¡En guardia!”

Cuando hice de hombre respetable
que entiende que son cosas que pasan
y un directivo me despidió.

Y habría podido llevar un sombrero bien divertido,
retarlo a un duelo y requerir la espada,
o tirarme de los pelos, como poseído,
notarlo bien acojonado, mirándome, mirándome.

Cuando aceptaba y asentía,
el señor obediente que llevo dentro
y un directivo me despidió.

Yo le obedecía y él me despidió

Y este fue el punto y final
de este bello cuento alucinado
que enseñará, tal vez, a los pequeños
y distraerá, esperemos, a los mayores.
Y aquí se acaba la función
el directivo y nuestro héroe
os saludan, os saludan.

10 MILLES PER VEURE UNA BONA ARMADURA - 2011

10 MILLAS PARA VER UNA BUENA ARMADURA

Estimado, permíteme suponer
que, a pesar de que no hayamos disfrutado de presentación oficial,
más o menos, así como yo, estás informado
de mi existencia, de las cosas que hago.
Estimado, lo reconozco, qué le vamos a hacer, cobarde de mí,
no es que seas cada tarde mi tema preferido,
vuestras son las promesas que ya nadie cumplirá,
vuestras las noches que los teléfonos no paraban de sonar.
Pero sí te voy viendo en discos que al final no te llevaste
y algunos qué maravilla, y algunos que nunca tendrás suficientemente lejos,
estimado, y en una sonrisa que hace sola caminando
y en esa foto antigua olvidada en un cajón:
habéis parado la furgoneta aprovechando la vista privilegiada de una ciudad.
Tú señalas el ábside románico de una catedral y sois jóvenes y fuertes!
Y sentís la eternidad delante vuestro!
Y, estimado, ni sospecháis que gente como yo
estamos esperando.

Y qué simpáticos se os ve, y cuánto daño debió de hacer,
y lo imagino, o lo intento, y te aseguro que comprendo
que todavía hoy, sin remedio, todo tiemble un segundo
cuando un amigo, de buena fe, pronuncia vuestro nombre.
Pero quiero pensar que todo va bien y que no echas de menos esos tiempos,
que incluso al recordar no sabes por qué pero te alegras
y vas viendo sitios por el mundo que te están gustando tanto
y agradeces que entre los dos me hicierais crecer escondido.
Escondido en mentirijillas, en dudas molestas,
en cada intuición fugaz de una vida mejor,
escondido en “somos muy jóvenes para tener algo demasiado claro”,
escondido en “no sé qué es, pero niña, no puedo respirar”.
Ay, estimado, qué extraño si algún día te hicieron daño
mi amor, mi suerte, mis manos
o mi dedo resiguiéndole la columna vertebral!
Estimado, que ha venido para quedarse!
Ay estos dedos, no son sencillos, de gente como yo
que estaba esperando.

Estimado, lo dejo aquí, que sé que eres un hombre ocupado.
Supongo que es el momento de despedirme esperando
no haberte molestado mucho, no haber parecido un loco,
que la fuerza nos acompañe, adiós, hasta siempre, suerte!
Por si un día nos cruzamos ya me disculpo, que me conozco,
haré de hombre serio, esperaré detrás de pie
mientras tú bromeas un poco, “veo que ahora los buscas altos”,
mientras tú te reivindicas como mucho más elegante.
Diremos adiós y nos iremos y ella me dirá que te ha visto viejo
y, paso a paso, ya estarás tan lejos
como el cretino que antes de entrar a Historia le tocaba el culo
arrimándola contra los árboles al lado del instituto.
Ay, pobrecitos míos, cómo se hubiesen asustado,
si entre los matojos, salimos tú y yo diciendo
“eh, aquí los señores, estamos esperando.
Chavales, id haciendo sitio,
que estamos esperando”.

Escuchad la canción del soldadito
que a través de un ojo de buey
ve que vuelan unos vencejos!
Y no es que sea un experto, el soldadito,
pero, que vuelen los vencejos,
querrá decir que la tierra está cerca.
Y tan cerca debe de estar que baja el capitán
e intenta no parecer nervioso
mientras termina la instrucción:
“Concentraos, soldaditos, sed prudentes
y agarraos a la vida
con las uñas y los dientes”.
Ya en cubierta, los hombres rezan.
Ya en cubierta, los hombres rezan.
Y suelta un amén poco convencido, el soldadito,
y acaricia su fusil,
intentando no pensar en nada.
Desde proa van creciendo las colinas,
“soldadito, valor, valor,
que depende de gente como tú la suerte del mundo”.
Pero “si una bala enemiga cruza el viento
y me traspasa el cerebro”,
se plantea el soldadito,
“las olas me arrastrarán
y mil peces de colores
lucharán para devorar mi carne”.
Y es cuando piensa “yo me escondo;
cuando no miren, yo me escondo”.
Pero siempre miran, y el barco está parando,
las compuertas se han abierto
y, en un segundo, se inunda el mar
de soldados disparando al infinito
con un soldadito en medio,
que carga mientras insulta al enemigo.
Y entre bomba y bomba todo le va bastante bien
hasta que una cae justo al lado.
Primero se dice “suerte, de qué te ha ido…”,
pero después siente en la espalda un dolor extraño
y al tocársela le queda todo el brazo manchado de sangre.
Gira la cabeza a ambos lados.
Se sienta en la arena y descansa.
Y mientras llega el maldito médico, el soldadito
se tranquiliza repitiendo
que hará, a dónde irá, si sobrevive:
“Iré a mi madre bien vestido
y, antes que nada, tendré que decirle
que me perdone por tratarla siempre así;
iré a Margarita a hacerle un hijo
para, tan solo verle, intuir
que le quiero más de lo que me quiero a mi”.

He dado un salto, un salto extraño
que nos ha elevado más de tres palmos.
Salía humo, tan denso y blanco,
y dentro tú y yo y mi gran salto.
Teníamos miedo mirando abajo,
teníamos miedo y nos hemos quedado
medio abrazados, sintiendo el salto
goteándome entre las manos.
Los testimonios oculares
dicen “qué salto, caray qué salto”;
las madres dicen a los niños
“no os acerquéis, que ha dado un salto!”.
Éramos tú y yo con el mundo aparte
y ahora es el mundo el que nos salvará
entre las ruinas de este salto,
que éramos tú y yo y ya no lo somos tanto.
¡Que esto cae niños, que esto cae!
Grito tu nombre entre el humo blanco.
“Agárrate fuerte y, si puedes, cae
con los dos pies y en un sitio plano”.
Y merecíamos una despedida
más digna de ser recordada
y no este vernos destrozados
por la fuerza de la gravedad.

Tú, saltador que saltas saltos!
Tú, brincador profesional!
Tú, amigo para siempre ambulante
que te defines por tus saltos!
Qué fácil todo! Qué bien estás!
En tus ojos iluminados
ya se intuye la inmensidad
de todo un mundo a tu alcance.
La noche caerá, la noche caerá,
la noche caerá y desdoblarás
un sueño dulce y envejecido
de los saltadores que saltan saltos.
Y hasta mañana, y hasta mañana,
y, fuera, sopla un viento tan suave,
y el saltador se dormirá
poniendo cara de nada,
poniendo cara de salto.

Llegó el tío con barba larga, los abuelos hacían comida especial
y dijo “niños, estáis morenos”, y dijo “por lo menos, habéis crecido un palmo”.
Ignasi y yo le escuchábamos mil aventuras de países lejanos
y estaban bien, y distraían, pero era difícil sacarse de la cabeza
hacer volar por encima del barrio aquel regalo extraño.
Por fin abajo, nos situamos a una distancia prudencial
de las señoras que se bronceaban y de los coches aparcados,
estudiamos las corrientes del aire, nos secamos el sudor de las manos.
Pero el boomerang se atascaba entre las ramas y no volvía nunca.
Pero el boomerang reclamaba la pericia de un profesional.

Y bajaron los otros con Vanessa –ay, Vanessa, ¿cómo le irá?-,
comían pipas con arrogancia, se burlaban desde el banco,
hasta que aburrido del espectáculo se acercó Xavi, que era mayor,
“dejadme un tiro, retiraos, dejadme un tiro, hatajo de matados
que esto es muñeca, que esto lo que quiere es un buen juego de brazo!”.
Y, señores, tan bueno es insistir como saberse retirar
y, no sé Ignasi, pero, en mi caso, puedo reconocer que me dolió
ver en los ojos de Vanessa que la cosa se ponía interesante.
Pero el boomerang se atascó entre las ramas y no volvió nunca.
Pero el boomerang reclamaba la pericia de un profesional.

Pero pasó hace tiempo, creo que era el julio en que se fundió Indurain
y maldecimos al danés y a las rampas de Hautacam.
Los años, en fin, nos han vuelto como hombres y, aunque nadie ha procreado,
voy buscando alternativas, por si alguna vez se da el caso.
Y en este mundo entre mis puntos fuertes nunca estarán los detalles
pero me esforzaré y una cosa me abstendré de regalar,
que la infancia será divertida, mágica, libre, de acuerdo, aceptado,
pero no hay tanto tiempo que perder y, tarde o temprano, solo queda una verdad:
El boomerang se atascaba entre las ramas y no volvía nunca.
El boomerang reclamaba la pericia de un profesional.

Mira,
sale el sol en las ciudades donde pudimos haber vivido
y una luz llena de paz va inundando todas las cocinas.
Yo tengo aspecto de tranquilo, y tú pareces tan tranquila.
Y nos grito: “¡Sácate el disfraz y rebela quién eres!
No creo que seáis la vida que nos estamos perdiendo”.

Mira,
todo ha ido según el plan, qué ejemplo de armonía,
esto es creer en lo que uno quiere e invertir sabiamente los días,
si tomas nota, creo que nos sale un buen libro de aforismos.
Y nos grito: “¡Observándoos las manos, os he visto el truco!
No sois realmente la vida que nos hemos perdido”.

Mira,
panderetas, serpentinas, caramba niña, vaya medias,
estamos todos, sí, pero fíjate bien, cómo te miro, cómo me miras.
¡Va, asumámoslo, los días buenos casi somos invencibles!
Y nos grito: “¡Esto es lamentable teatro amateur!
Y no la vida que se nos escapa en cada momento”.

Mira
cómo los nervios no han podido, las palabras que buscábamos.
Las decimos y no dan miedo, las decimos en voz alta:
“Amor mío, siempre estaré, amor mío, ¿cómo lo dudabas?”
Y nos grito: “¡Ya sé de qué vais y he perdido el interés!
Que la vida que nos hemos perdido simplemente no existe”.

Las luces se han apagado, han sacado el pastel,
aplaudían los padres, los tíos, los amigos
todos a la vez, aunados en un único grito,
“que pida un deseo, que pida un deseo”.
Y tú, nerviosa, como siempre que te toca ser
el centro de atención,
has fijado los ojos en un punto impreciso del comedor
un segundo, dos segundos, tres segundos, cuatro y cinco.
Tus ojos cabalgaban buscando un deseo,
las velas quemaban y algunos amigos
te enfocaban con cámaras de retratar,
una voz comentaba “ay, qué guapa está”
y yo, en el fondo, apuraba la copa decidido
a encontrar un rinconcito para hacerme pequeño, pequeño.
Del tamaño de una mosca, del tamaño de un mosquito.
Para una vez empequeñecido, bajo los taburetes
y la mesa alargada por los dos caballetes,
abrirme paso con prudencia por un entramado
de zapatos de invierno, de confeti aplastado,
y esprintar maldiciendo la longitud de mis nuevos pasitos
y esconderme entre un corcho y la pared
justo a tiempo de que no me coma el maldito gatito.
Y escalar las cenefas de tu vestido
y falcar el pie izquierdo en un descosido
y llegarte a la espalda y sentarme en un botón
y coger un poquito de aire y, de un saltito,
agarrarte un cabello e impulsarme
en un último salto final
y acceder a tu deseo atravesando la pared del lagrimal.
¡Ahora un pie! ¡Ahora un brazo! ¡Ahora el torso! ¡Ahora la cabeza!

Y ya dentro del deseo, ver si hay buen ambiente,
repartir unas tarjetas, ser amable con la gente
y con maneras de joven discreto y educado
presentar mis respetos a la autoridad,
escuchar atento batallitas curiosas a los más viejos,
hacerme fotos graciosas con otros ilustres viajeros
y con un hombre con corbata que no sé quién es.
Y en la nube de sueños que tienes a tu alcance
y entre otros que, lo siento, pero ya no vivirás nunca,
detectar un caminito que me aleje del grupo
o una sombrita tranquila donde, desapercibido,
tumbarme un rato y, por fin, relajarme celebrando
el placer indescriptible que es estar contigo, hoy que te haces mayor,
mientras fuera del ojo las velas se van apagando.

Ya sabemos cómo te gusta levantar el brazo y calcular el polo de donde viene el viento,
ya hemos disfrutado del estilo que exhibes cuando te marchas corriendo.
Ya hemos entendido que eres un alma errante que abandona las casas cuando todos duermen,
que te gusta comer cuando hay hambre y dormir si viene sueño.
Pero piénsalo bien que después, tarde o temprano, siempre llega el momento
cuando se abre como una flor rara el arrepentimiento
y entiendes, como si todas las brujas del mundo coincidieran al leerte el futuro,
que es cuestión de tiempo que te sorprendas pensando que lo tenías,
que yo creía en ti.

Ya sabemos que tres mil aventuras palpitan rabiosas lejos de este rincón,
que los guerreros se aburren si no hay un poco de acción.
Ya hemos previsto que solo morirás si alguien te clava una daga dorada en el corazón
y que donde te entierre una buena gente crecerá un roble fuerte.
Y es casi entrañable que olvides tan rápido que siempre llega el momento
cuando se abre como una flor amarilla el arrepentimiento.
Si lo sabes como si todas las brujas del mundo te estuviesen lanzando un conjuro,
una rima ancestral que te hará recordar que lo tenías,
que yo creía en ti.

Si al despertar fuese rey, reuniría a las Cortes para incluir en el código penal
que se prohíba a la gente ir por el mundo buscando algo que no sepa nombrar.
Que el miedo estaría ahí pero, quizá, para variar, aprenderíamos a pasarlo juntos
y no te vería nunca más explicándome que bien que estabas cuando lo tenías,
cuando yo creía en ti.

Vendrán los años y, con los años la calma
que te pintará en los ojos una mirada suave.
Te harán dar un paso y, después, otro,
serás toda una experta en tirar adelante.
Con tanto tiempo habrás encontrado un sitio agradable,
o ya estarás un poco perezosa para buscar.
Recibirás trato de señora, o de yaya extraña
que tiene acojonados a todos los niños de la vecindad.

Y serás un saco de dolores o serás una roca.
Y los momentos de mirar atrás te harán gracia y te harán daño.
Y quizá no seré tu amigo,
ni tendré nada que ver con si eres o no eres feliz.
Ya me veo de recuerdo medio triste que se te pasa por la cabeza
una mala tarde.
Y quizá dormiré abrazadito
a una mujer a la que casi no habré contado quien eres.
Quizá tendremos nietos malnacidos que se rían de mí
cuando no me entere de las cosas.

Pero, cuando seré viejo, seguiré cantándote canciones, igual.
Caminaré lento y me sentaré, a veces, en los bancos.
Versito a versito convocaré tu cuerpo largo y blanco
y me podrán ver sonreír un poco por debajo de la nariz.

¡Que vengan los años! ¡Aquí me tiene la calma!
Que me juego con la decadencia de la carne
que un rinconcito del comedor hará de escenario
y que nadie sospechará de quien estoy hablando.

Y que, cuando seré viejo, seguiré cantándote canciones, igual.
No sé si estaré para garantizarte una gran calidad
pero creeré en un versito y me distraeré intentándolo alargar
y me podrán ver sonreír un poco por debajo de la nariz,
y me podrán ver sonreír un poco por debajo de la nariz.

Callad, nobles consejeros, guardaos la razón que os quede
y, con un paso vivo y decidido, marchad donde sea que os esperen.
Bajad las aldabas, ajustad ventanas y corred cortinas.
Meted a los niños en la cama; si duermen, mirad como respiran.
Porque, si es bueno o es malo, no importa mucho ahora mismo.
Que parece tan claro que nos equivocamos como que lo vamos a hacer.
Que parece tan claro que nos equivocamos como que lo vamos a hacer!

Volad, amables pretendientes, hasta otros brazos que os valoren
y, por el camino, no preguntéis, dejad que nuestro amor se funda.
Guardaremos como un tesoro vuestras barrigas, las caricias,
y lo juramos, por un momento, pensamos que podíamos
pero, si alguien llama, no contestéis, que en el cielo ya hay muchos valientes.
Y parece tan claro que nos equivocamos como que lo vamos a hacer!
Y parece tan claro que nos equivocamos como que lo vamos a hacer!

Guardaos fuerzas, buena gente, quizá nos veremos otro día.
Sabemos que queríais hacer más, pero, qué le vamos a hacer, así es la vida:
te equivocas de uniforme y disparas a quien más quieres;
te equivocas de remedio y va y se infecta la herida.
Y algún rato, ¿qué os pensáis?, también nos gusta estar contentos.
Pero parece tan claro que nos equivocamos como que lo vamos a hacer.
Pero parece tan claro que nos equivocamos como que lo vamos a hacer!
Ay, Virgen Santa del Rosario, queremos lo justo para vivir bien!
Pero parece tan claro que nos equivocamos como que lo vamos a hacer.
Parece tan claro que nos equivocamos como que lo vamos a hacer!

¡Déjala, Toni, déjala!
¿No ves que no te conviene?
Nadie merece que te pierdas todo lo que te estás perdiendo.

Cuando veas que está bien dormida,
apártale los cabellos de la frente para darle un último beso
y cierra la puerta sabiendo que estás haciendo lo mejor.
Aléjate, como se aleja la marea
cuando desnuda lentamente las rocas del acantilado
y, sin mirar atrás, Toni, déjala.

¡Déjala, Toni, déjala!
¡Escúchanos bien y aprende!
Nadie merece que te pierdas todo lo que te estás perdiendo.

Ya verás que cuando se inflen las velas
como un viejo amigo, el viento, te acariciará la piel
mientras en tierra se funde, Toni, todo lo que te retiene.
¿No oyes las olas que te reclaman?
¿No ves que te guía el cielo constelación tras constelación?
Acércate a la barca, rema y déjala.

¡Ven, Toni, ven!
¡Nadie canta tan bien!
Nadie merece que te pierdas todo lo que te estás perdiendo.

Volverás a sentir sal en las venas
y al despertarte en algún puerto, quién sabe, quizá te preguntarás
a quién pertenece el nombre que decora tu brazo.
Créenos, Toni, el agua todavía es fresca
y el sol sigue saliendo cada mañana en el horizonte.
Será más fácil de lo que te piensas, déjala.

¡Déjala, Toni, déjala!
Invéntate un mundo nuevo y déjalo todo en tierra
que, con la vida, ya tienes suficiente.

¡Déjala, Toni, déjala!
Haz el favor de estar contento
que, para sonreír y hacernos viejos,
la vida es suficiente.

ELS MILLORS PROFESSORS EUROPEUS - 2008

LOS MEJORES PROFESORES EUROPEOS

Y ayer por la noche conocimos a tres mujeres altas y elegantes
y con una me puse de acuerdo
conversamos, reímos e hicimos el amor.
Y me ha hablado de su país y de las cosas que hace aquí
en un castellano bastante extraño, sorprendentemente fluido.

“Qué nariz más grande tienes”, me ha dicho,
la mujer alta desde la cama, y ha señalado en la pared
un cuadro verde que había pintado de pequeña.
Y “¡Qué bonito! ¡Qué bonito! ¡Qué bonito” me he dicho,
qué niña más dulce debió de ser,
qué placer haberla conocido hace mucho tiempo.

“Si cierras los dos ojos”, me ha dicho,
“si te quedas quieto en la cama, te enseñaré una canción
que me cantaban en casa para ir a dormir.
Habla de un bosque y de un señor que vive allí, aislado entre olmos y flores
y se protege de los males humanos
con un ejército de animales”.
Y “¡Qué bonito! ¡Qué bonito! ¡Qué bonito!”, me he dicho,
y qué voz más fina que tiene,
qué placer haberla conocido hace mucho tiempo.

Pero Bernat me ha dicho que te ha visto por Barcelona,
que te acompañaba un hombre muy alto,
que le has preguntado si todavía nos frecuentábamos
y que envías muchos recuerdos.

¿Has visto lo bien que he hablado?
¿Qué discurso tan bien trabado?
¿Qué principios firmes y claros
dignos de un hombre con sentido común?

Pero un aviso a navegantes,
hazme caso los días impares
y los pares haz como quien oye
que silba el viento en la playa.

Pareces franca cuando me llamas
atractivo entre atractivos
y que amas, en el fondo,
mis imperfecciones.

Pero yo, que vengo de grumete,
te creo los días pares,
que los impares, debajo de los pinos,
solo cantas pareados.

Ay, Dolors, llévame al baile,
hoy que va todo el mundo, hoy es cuando tenemos que ir.
Ay, Dolors, llegaré al anochecer
con el coche, en un periquete, y te esperaré abajo.
Y, Dolors, hoy no habrá miradas de complicidad entre las cabezas
ni, Dolors, ningún dedo despistado que roce una espalda por casualidad.
Hoy, Dolors, yo seguiré un ritmo con las manos
mientras tú sacas los tickets del enésimo combinado.
Hoy, Dolors, propón un tema al cantante,
uno que se ría de ti y de mí y de esta historia que se ha ido acabando.

Va, Dolors, que hoy seremos dos niños mayores,
nada de tonterías, nada de ser especiales.
Un-dos-tres, un-dos-tres chachachá,
talón-punta, talón-punta, y vuelve a empezar.
Y, Dolors, nadie esperará ninguna escena dulce ante ningún portal,
ni, Dolors, ninguna verdad será revelada cuando claree.
Hoy, Dolors, moveremos el cuerpo al compás
de un tambor acelerado, de una gran línea de bajo.
Hoy, Dolors, propón un tema al cantante,
uno que se ría de ti y de mí y de esta historia que ya no es importante.

Uno que nos defina con tres acordes,
uno que nos explique a la posteridad,
uno que conscientemente sea un punto y final,
Dolors, uno que parezca imposible que pueda acabar.

Dormías medio agarrada a mi brazo,
ha sonado un claxon de coche atascado,
has abierto un ojo perezoso y callado,
y has vuelto a tu sueño privado.
Subía el café y nos he recordado
bailando en una playa con sombreros mejicanos,
la cara que tenías al ir girando
creo que era de felicidad,
creo que era de felicidad.

De momento no te reiré más las gracias,
por una vez he entendido lo que hay.
Pásalo bien, que me borro del mapa
para perpetrar en la sombra un gran plan quinquenal.

Oigo que despiertas, te voy a buscar,
nena tienes café, ¿quieres que tueste pan?
En el periódico nada demasiado estimulante,
poco a poco ya te vas despertando.
Y fumas mirando pasar los coches,
te entregas al aire denso del vecindario,
pienso en proponerte que bajemos al faro,
yo que nunca he sido hombre de mar,
yo que nunca he sido hombre de mar.

El primer año compraré una corbata bien larga estampada en tonos crudos,
y, el segundo, los mejores profesores europeos me enseñarán a hacer el nudo.
Para el tercero guardo la antología de los grandes octosílabos que hablan de ti
y, para el cuarto, la edición limitada forrada en terciopelo.
Y el quinto nos cruzaremos por el Eixample y pediremos mesa en un bar de menú.
Sacaré pecho, enseñando la corbata, y entonces, bonita,
dependerá de ti.

Y entonces todo dependerá de ti.

Si hubiese nacido en Roma, hace más de dos mil años,
viviría en un Imperio, tendríamos un esclavo,
y ánforas en el patio llenas de aceite y vino,
y una estatua de mármol dedicada a mí.

Si hubiese nacido en Roma, hace más de dos mil años,
no olería a champú tu cabello dorado,
ofreceríamos bueyes a los dioses, brindaríamos con soldados
y nos despertaría un carro subiendo por el empedrado.

Y los turistas se hacen fotos donde tú y yo desayunamos,
son las cosas buenas de pasar a la eternidad,
y un guía les enseña el mosaico del comedor,
se retratan y pasean por nuestra habitación.

Y ahora un niño dibuja a lápiz en la sala del museo
el brazalete de esmeraldas que te envolvía el pie
y un submarinista encuentra nuestros vasos y nuestros platos,
son las cosas buenas de pasar a la eternidad.

Tratamos de encajar en escenas bonitas,
en puertos de domingo repletos de gaviotas,
en grandes sobremesas donde los abuelos cantan,
en noches al lado del fuego abrazados a una manta.
Se trata de ser los simpáticos del barrio,
los que bailan y bailan hasta que paren los músicos
e irrumpir arrogantes luciendo nuestras mejores galas
en discos con mujeres con trabajos estables.

Y, en ocasiones, lo logramos.
Y, en ocasiones, lo logramos.
Y, en ocasiones, una tontería de repente nos indica que lo logramos.
Y, en ocasiones, una carambola de repente nos demuestra que lo logramos.

Buscamos quedar bien en el retablo magnífico
de quienes van por el mundo con ademán monolítico
y afrontan la vida mirándola a la cara
y un día, contentos, compran flores a su madre.
Intentamos trampear para ser personas dignas,
el padre modélico que quieren las hijas,
el de la voz grave, el de la mano fuerte,
que paga un vermú y que arregla una puerta.
Y después cerrar los ojos y sentir el mundo en calma
y dos pajaritos haciendo pío pío en lo alto de un árbol
habiendo ultimado un gran epitafio
que arranque sonrisas a todos los que pasen.

Y, en ocasiones, lo logramos.
Y, en ocasiones, lo logramos.
Y, en ocasiones, una tontería de repente nos indica que lo logramos.
Y en ocasiones, una carambola de repente nos demuestra que lo logramos.

Y, en ocasiones, lo logramos.
Y, en ocasiones, lo logramos.
Y en ocasiones, una tontería de repente nos indica que lo logramos.
Y, en ocasiones, baja la virgen y de repente nos revela que lo logramos.
Y, en ocasiones, contra todo pronóstico una gran gilipollez invierte lo que creíamos lógico,
evidenciando,
que por un momento,
lo logramos.

Maria y Marcel,
de lado en una barra,
se miran y sorben
sus respectivas cañas.
Él viste completamente de rojo,
ella resuelve un crucigrama.

Ay Maria, ay Marcel,
¿quién se acerca a hablar con el otro?
¿Quién se arriesga a fracasar?
¿Quién saltará sin red?
Él la quiere sacar a bailar,
ella se lo quiere llevar a casa.

Te invitaría a vino,
sería dulce, sería amable,
si quisieras sentarte conmigo,
¡Qué momento tan agradable!
Cerraríamos el local,
la noche sería tan larga.
Nos iríamos los dos juntos
de esta ciudad tan rara
y tendríamos hijos bien fuertes
y una casa balconada.
Marcel alarga un brazo,
Maria sonríe al aire.

Pero el rato ha ido pasando
y no encuentran las palabras.
Él mañana será capaz,
ella mañana estará más guapa.
Es noche fría para abril,
no se está en ningún sitio como en casa.

Tú y yo hemos cenado en buenos restaurantes,
tú y yo hemos bailado a la luz de una farola,
tú y yo volábamos en un Ford Fiesta amarillo,
tú y yo hemos cantado al lado del fuego.
Tú y yo hemos buscado cosas similares,
tú y yo hemos tenido la cabeza llena de pájaros,
tú y yo en lo alto de la noria, tú y yo y nuestra historia,
pero tú y yo no nos hemos bañado nunca en el mar.

¡En el mar! ¡En el mar!

Plantamos las toallas, invito a unos helados,
jugamos a pala griega esquivando paseantes,
en el horizonte se divisan las velas
de unos niños que hacen optimist en la cala de al lado.
Duermo un rato, ahora que sopla de mar,
así tumbada se te ve espectacular,
larga y blanquita en la arena leyendo
intrigas vaticanas de final inesperado.
Es abusivo tanto calor,
te incorporas y te pones bien el bañador,
con un pie calculas cómo está el agua
y todo está listo para que entremos en el mar.

¡En el mar! ¡En el mar!

Así pues, si un día vienes y pasas por aquí,
y si a pesar del trabajo encontramos una mañana,
no me perdonaría nunca, no podría asumir,
no recogerte con la moto y abrirnos camino.
Muy lejos de aquí, en el otro lado del mundo,
hay un chiringuito con cuatro pinos al fondo,
tú y yo sentados en la barra de un bar,
suena buena música y estamos ante el mar.

¡En el mar! ¡En el mar!

Un hombre con gafas de pasta gruesas pasea nervioso por el puerto.
Ya hace más de una hora que su esposa le espera en el doctor Ramon.
Que hoy se han armado de coraje y han decidido operarse el cuerpo.
La mujer quiere quitarse papada y el hombre se hará un pene más grueso.
¡Pero no saben que ser atractivos también puede comportar vivir en una pesadilla!
Y los dos cantan de puta madre, mucho mejor que yo, que hacen canto coral,
y bailan sardanas en Plaça Sant Jaume y lo hacen de cojones.

Pepe es un tipo que ha echado barriga y se pasa todo el santo día tirado en la cama.
Hoy le rodean tres médicos y un joven becario con un bisturí.
Con un permanente delimitan la esencia grasienta que le extraerán.
Y él sueña con tomar un waikiki rodeado de señoras que marcan pezón.
¡Pero Pepe no sabe que algunos bien plantados también viven en una pesadilla!
Y el tío organiza encuentros de amigos del seiscientos y tiene uno rojo
y cuando sube al pueblo los niños le piden que les lleve a dar una vuelta.

No saben que los guapos son los raros,
que lo sabe todo el mundo pero no lo dice nadie,
tampoco se gustan y tienen complejos por ser diferentes.
Y no saben que los guapos desafinan,
no tienen swing y no bailan bien,
también se preocupan y tienen psicólogos
y no pasa nada.

Tu abuelo tenía un bigote largo y blanco
y lo mojaba con cerveza tibia en tabernas de los Alpes.
Por las mañanas tus tías bajan a bañarse
en una playa escenario de la Segunda Guerra Mundial.

Mujer extranjera,
¿Cómo me ven tus ojos?

Tu padre destila ciruelas y las deja fermentar
y en ferias ex soviéticas vende licor de ochenta grados.
En el jardín tu abuela viste quimono blanco
mientras el sol rojo se pone entre las ramas de un bonsái.

Mujer extranjera,
¿Cómo me ven tus ojos?
Mujer extranjera

Mientras bailamos me mojan las aguas del Rin,
entro con un tanque ruso en Berlín,
me asusta tu pasado vikingo.

Mientras nos besamos entre copas de árboles gigantes,
tu madre reza a dioses extraños,
tu padre educa unos elefantes.

Cuando hacemos el amor, doscientos danzantes otomanos
giran contentos a mi alrededor
sonríen y aplauden.

Y nos abrazamos y subimos a un tranvía amarillo,
paseo entre obras del Barroco,
me pierdo en la Tierra del Fuego.

No esperaba una chica tan guapa
detrás de este mostrador.
Tu estilo me fascina.
¿Dónde has estado todo este tiempo?
Aprovecharé, ahora que te giras,
para dar gracias al Cielo
y para pasarte revista,
de los talones al cabello.

No te asustes pero, ahora, querría decirte
que lo eres todo para mí y que yo puedo ser todo tuyo.
Te quiero escuchar contándome tu vida,
tus sueños y tus grandes secretos.

Y vuelves y me dedicas la más grande de tus sonrisas
y envuelves el paquete
y tus manos, expertas,
lo adornan con un lacito.
Y congelo el momento en que nuestras manos se cruzan
al intercambiar el billete,
pero tus ojos están nerviosos,
debes atender a otros clientes.

Pero, si dudas, podrías atreverte
a salir conmigo a fumar un cigarrillo.
Por si piensas que podría servirte
yo esperaré por aquí todavía algún tiempo.

Nos conocimos un miércoles haciendo cola en el cine Arkadín
y nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.
Le ofrecí un caramelo una tarde de San Medir
y nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.
Una amiga muy amiga venía demasiado a menudo
y nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.
“¿Quieres venir”, le pregunté, “a conocer a mis padrinos?”
Nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.

Y ahora ella lleva los niños al cole y yo friego los platos de la noche,
nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.
Yo alimento a los periquitos, ella riega el jardín,
y nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.
Yo siempre compro manchego aunque ella es más de brie
y nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.
Yo soy un fan de Astérix y ella tiene todos los tintines,
nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.

Prefiero que no hable de aquel novio de París,
que nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.
Yo soy de bailar la conga, ella se decanta más por el twist,
nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.
Yo digo “eh, un ron con cola!” y ella quiere carta de vinos
y nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.
Ella mira Kiarostami, yo soy más de Jacques Tati,
nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.

Yo ya sé dos o tres cosas, ella ya sabe cuatro o cinco,
que nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.
Ella no deja que me rasque cuando me pican los mosquitos,
nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.
Ella es reina de las fiestas, yo soy un hombre aburrido,
y nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.
Yo la miro y me asusto no fuese que se cansara de mí,
nos ha costado dios y ayuda llegar hasta aquí.